El campo extremeño volverá a movilizarse este mes de enero con nuevas protestas y tractoradas previstas para los días 16 y 23, ante lo que los agricultores califican como una situación límite del sector. Las organizaciones agrarias denuncian recortes continuos, exigencias crecientes y una competencia desleal que, aseguran, está llevando a muchos productores a trabajar a pérdidas.
Uno de los portavoces más críticos de estas movilizaciones es Juan Francisco Rodríguez Chamorro, representante de ASEPREX, quien acusa directamente a las instituciones europeas y a los grandes partidos políticos de estar “condenando” al sector primario. “El campo no se está muriendo, lo están matando”, sostiene, en referencia a las políticas que se aprueban en Bruselas y que, según afirma, se trasladan sin matices al ámbito nacional.
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Chamorro señala como uno de los principales problemas la Política Agraria Común, que —explica— sufre recortes presupuestarios año tras año mientras impone cada vez más obligaciones medioambientales y burocráticas a los productores. “Tenemos más requisitos para cobrar menos dinero”, resume, cuestionando además que esas ayudas repercutan realmente en precios más bajos para el consumidor.
El representante de ASEPREX sitúa también en el centro de sus críticas los acuerdos de libre comercio firmados por la Unión Europea con terceros países, especialmente el de Mercosur y las importaciones procedentes de países como Marruecos o varios estados asiáticos. Denuncia que estos productos acceden al mercado europeo sin cumplir las mismas exigencias laborales, sanitarias y medioambientales que se aplican a los agricultores europeos, lo que genera —a su juicio— una competencia “absolutamente desigual”.
En este contexto, Chamorro carga sin matices contra el respaldo político a este tipo de acuerdos. Asegura que tanto PP como PSOE votan de forma conjunta en el Parlamento Europeo y considera que ambos partidos están “votando la ruina del campo”, al utilizar la agricultura como moneda de cambio en negociaciones comerciales internacionales. “Nos engañan con palabras bonitas mientras nos ahogan”, afirma.
Como ejemplo de la gravedad de la situación, pone sobre la mesa el caso del arroz, uno de los cultivos más afectados en Extremadura. Según explica, el precio en origen se ha situado en torno a 25 céntimos por kilo, una cifra que no cubre los costes de producción, mientras el consumidor paga precios muy superiores en el supermercado. Una circunstancia que, advierte, está llevando a muchos agricultores a una situación económica insostenible.
Chamorro considera especialmente ineficaces las llamadas cláusulas de salvaguarda y las “cláusulas espejo”, al entender que no se aplican de forma real ni garantizan una competencia en igualdad de condiciones. Se pregunta quién controla su cumplimiento y quién obliga a terceros países a respetar salarios y condiciones laborales similares a las europeas antes de permitir la entrada de sus productos en el mercado comunitario.
En cuanto a las movilizaciones, el representante de ASEPREX apuesta por un cambio de estrategia en la protesta agraria, alejándola de acciones que, a su juicio, desgastan el respaldo social sin incidir en quienes toman las decisiones. Se muestra crítico con los cortes prolongados de carreteras y con las tractoradas que bloquean durante horas la circulación, al considerar que afectan a ciudadanos ajenos al conflicto. Defiende que ese tipo de acciones terminan volviéndose contra el propio campo y erosionan la comprensión social del problema.
Frente a ello, Chamorro defiende movilizaciones directas y sostenidas en los centros reales de poder político, señalando expresamente a Madrid y Bruselas como los escenarios donde, asegura, se está decidiendo el futuro del sector primario. Propone concentraciones prolongadas ante el Congreso de los Diputados, el Ministerio de Agricultura o las instituciones europeas, con el objetivo de ejercer una presión constante sobre los responsables políticos y visibilizar el conflicto allí donde se firman los acuerdos y se votan las políticas agrarias.
En ese planteamiento, el representante de ASEPREX va más allá de una protesta sectorial y plantea un movimiento de carácter social, que implique no solo a agricultores y ganaderos, sino también a consumidores y trabajadores vinculados al medio rural. Reclama una movilización “sin siglas” y sin disputas internas de liderazgo, en la que el interés colectivo esté por encima de las organizaciones. A su juicio, la falta de unidad y las luchas por la representatividad han debilitado históricamente la capacidad de presión del campo.
Por último, Chamorro lanza un llamamiento a la sociedad en su conjunto y advierte de que la crisis del campo no es un problema exclusivo del sector agrario. “Si el sector primario no es fuerte, no hay país”, sostiene, alertando del riesgo de perder soberanía alimentaria y de quedar a merced de importaciones si se sigue sacrificando al campo europeo en favor de acuerdos comerciales internacionales.

