El Santuario de Nuestra Señora de Belén de Cabeza del Buey es uno de los grandes referentes patrimoniales, culturales y religiosos de La Serena. Con ocho siglos de historia, este conjunto arquitectónico constituye una parte esencial de la identidad de Cabeza del Buey y un enclave de especial valor dentro del patrimonio histórico extremeño.

Declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, en 2017 por la Junta de Extremadura, el Santuario conserva un importante legado arquitectónico y artístico que refleja la evolución histórica del enclave desde sus orígenes medievales hasta la actualidad.

Una actuación para conservar y poner en valor el conjunto

Sobre este importante patrimonio se ha llevado a cabo una nueva actuación impulsada por la Diputación de Badajoz, con una inversión superior a los 55.000 euros, destinada a mejorar las condiciones de uso y conservación de uno de los espacios más característicos del Santuario.

La intervención ha permitido instalar un sistema de cerramiento acristalado reversible que protege las arquerías y mejora el confort ambiental del claustro, sin alterar de manera permanente sus elementos arquitectónicos

La renovación contribuye así a favorecer la conservación del conjunto y, al mismo tiempo, a mejorar las condiciones para que vecinos, visitantes y turistas puedan disfrutar de este espacio patrimonial.

Ocho siglos de historia

Los orígenes del Santuario se remontan al siglo XIII, vinculados al antiguo conjunto conventual relacionado con la Orden del Temple. Tras la desaparición de esta orden, el enclave pasó a la Orden de Alcántara, manteniendo durante siglos su función religiosa y su estrecha vinculación con la población de Cabeza del Buey.

El conjunto está formado por la iglesia y el claustro, siendo este último uno de sus elementos más singulares. La zona más antigua conserva un claustro de dos alturas, con pilares octogonales de granito que sostienen arcos de medio punto, además de elementos de madera en sus estructuras.

La iglesia, cuya configuración principal corresponde a los siglos XVII y XVIII, completa un conjunto en el que destacan también las pinturas murales del siglo XVIII, la reja de forja de 1635, el camarín de la Virgen y la portada principal.

Estos elementos, junto con las yeserías, la rejería y el resto de componentes arquitectónicos y artísticos, forman parte de los valores que llevaron a reconocer el Santuario como Bien de Interés Cultural.