La fruticultura extremeña se enfrenta a una de sus mayores crisis en los últimos años. Aunque la campaña 2025 ha comenzado con buenos precios y una producción aceptable, los agricultores advierten que la falta de mano de obra podría poner en peligro el futuro del sector. En Extremadura, se destinan poco más de 17.000 hectáreas al cultivo de fruta de hueso, pero la tendencia de pérdida de fincas sigue en aumento, con más de 4.500 hectáreas perdidas en los últimos años.

Según Herminio Íñiguez, presidente de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Villanueva de la Serena (Agryga), la situación es insostenible. «La muerte de la fruticultura en Extremadura va a ser la mano de obra. Nos cuesta muchísimo reforzar las cuadrillas, y cuando lo necesitamos con urgencia, no encontramos a nadie», explica Íñiguez.

Para que la campaña se desarrolle con normalidad, los productores requieren al menos 2.000 trabajadores para la recolección, pero, como denuncian, cubrir esa demanda es «prácticamente imposible». Aunque en algunas zonas como Villanueva de la Serena la superficie frutal se mantiene estable, el cultivo de frutos secos como el olivar, almendro o pistacho está ganando terreno debido a la creciente dificultad para recolectar la fruta, que tiene una ventana de recogida muy específica.

Se estima que la campaña de este año alcanzará las 285.000 toneladas, lo que supone un aumento respecto al año anterior, aunque las lluvias de primavera que afectaron la floración podrían haber reducido el volumen de la cosecha. Sin embargo, la preocupación radica en la escasez de mano de obra para realizar la recolección en tiempo y forma.

Agryga ha expresado su malestar ante la situación: «Nos parece bien que las personas decidan si quieren trabajar o no. Nos tendremos que aguantar, pero no estamos de acuerdo en que se nos estropee la fruta en los árboles y encima haya que pagar subvenciones. Estamos radicalmente en contra de eso», señala Íñiguez.

El sector frutal extremeño pide soluciones urgentes para evitar que la falta de mano de obra convierta en irreversible el abandono de un cultivo que sigue siendo clave para el empleo y la economía local. Sin manos para recoger la fruta, advierten los agricultores, no habrá futuro para la fruticultura en la región.