La joven violinista de Don Benito, Martina Valhondo, ha cumplido uno de sus grandes sueños musicales. Con tan solo 21 años, tuvo la oportunidad de tocar el violín junto a Manuel Carrasco ante cerca de 250.000 personas durante los cuatro conciertos consecutivos que el artista onubense ha ofrecido este mes de junio en el estadio de La Cartuja de Sevilla.

Una experiencia difícil de explicar con palabras y que la propia Martina recuerda como una auténtica montaña rusa de emociones. «La verdadera pregunta es qué no sentí. Era una mezcla de nervios, adrenalina y ganas de comerte el escenario», asegura.

La dombenitense reconoce que el primer concierto estuvo marcado por los nervios, asegurando que «quizás estaba un poquito más quieta, pero ya el segundo día, cuando sabía a lo que iba, lo di todo». Lejos del miedo que podría provocar actuar ante 70.000 espectadores, la joven violinista asegura que terminó transformando esos nervios en energía positiva. «Ya no eran nervios negativos, eran ganas de salir y darlo todo. Es una sensación indescriptible, una experiencia única que jamás se me olvidará».

Lo curioso es que esta oportunidad llegó cuando menos la esperaba. Hace un tiempo, cuando el artista actuó en Don Benito, intentó llamar la atención de Manuel Carrasco compartiendo vídeos en redes sociales interpretando sus canciones con el violín. Aunque el cantante llegó a compartir uno de ellos y elogiar su talento, el ansiado momento no terminó de llegar: «En Don Benito me harté de subir vídeos y no lo conseguí. Sin embargo, cuando dejé de intentar forzar la situación, empezaron a llegar las oportunidades».

Todo cambió cuando, durante un ensayo con la Filarmonía de Sevilla, orquesta de la que forma parte, recibió una noticia inesperada, y es que habían sido contratados para acompañar a Manuel Carrasco en La Cartuja. Poco después llegó una segunda sorpresa aún mayor. Su director, Francisco Javier, la llamó para comunicarle que el equipo del artista buscaba una violinista solista para una de las canciones y que habían pensado en ella. «No me lo podía creer. Pensaba, ¿qué más puedo pedir?».

La emoción aumentó cuando conoció personalmente a Manuel Carrasco durante los ensayos. El la reconoció, admitiendo que sabía quién era, que era la chica que subía vídeos tocando sus canciones con el violín. Martina confiesa que se quedó «a cuadros», destacando la cercanía del cantante y de todo su equipo durante los días de trabajo en Sevilla.

De esta experiencia, la joven violinista dombenitense se lleva mucho más que haber actuado ante miles de personas. También una lección personal. «Las cosas buenas llegan solas. Es lo que he aprendido de todo esto», concluye una joven que ya forma parte de uno de los momentos más especiales de esta gira de Manuel Carrasco.